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Añadida por:
Blanca De Uña MartÃn Fecha de inserción: 07.05.2008 » mostrar criterios
Criterios:
Composición, Movimiento, Poética, Tema, Segundo Plano, Brillo
» Mostrar comentarios Hola, JoaquÃn :) Te cuento un cuento ¿vale? Que me has vuelto a inspirar… Érase una vez una niña que no dejaba de llorar. En la escuela se metÃan con ella por ser diferente, por creer en la justicia y en los bichos raros. Por defender a las moscas y a los saltamontes que entraban en la clase, liberándolas de una muerte cruel – sólo ella sabÃa cómo de malvados podÃan llegar a ser sus compañeros de atril-, por gustarle sentarse en algún banco a leer cuentos y novelitas que giraban en torno a niños con los que ella sà se sentÃa a gusto. Sus primeros amigos fueron las hojas cuadriculadas de una libreta, los bolis de colores, las sombras de los eucaliptos y los refugios en el silencio que hay bajo las mesas de una clase vacÃa o en la biblioteca, a la hora del recreo. La comprensión que recibÃa del eco que sus sollozos dibujaban en las desnudas paredes de los aseos, el contraste en la piel de las texturas y el relieve de los azulejos verdes y blancos, ese suelo brillante y pulido color beige en donde se podÃan distinguir aquellas piedrecitas compactadas, lisas y complementarias, “como en los puzlesâ€. Érase una vez una pequeña adulta presa en un cuerpo de niña que, a base de golpes, se volvió sauce, “en la flor de sus dÃas, a mitad de camino entre la vida y la muerteâ€. Esa niña me pide que te diga que has derretido el mármol y has conseguido adormecer al demonio que se esconde en alguna parte de “su†sesera. Eran necesarios, únicamente, un párrafo de aliento y una ventana con vistas a lo que “tú†ves. Es decir, necesitaba cambiar “mis†ojos por otros que actualizaran mi diccionario. Es, precisamente, esa dualidad la que nos completa: el abismo que hay entre lo que uno percibe sólido y frÃo, y el calor de una caricia. Tan natural como lo es para quien sangra su propio dolor solo por sentirse parte de si mismo. ¿Y me preguntas qué hago? Pues qué voy a hacer, lo que todo el mundo, supongo, o sea: Subir y bajar, y volver a subir. Retomar el tiempo sin retroceder ni para coger impulso. Querer correr y no poder, o volar… y dejarme llevar por el divagar del viento que antes movÃa el visillo de la ventana que tengo por pulmón en mi hogareño zulo. Y volver a sentir que he tocado techo. Que no peso, que llego al cielo. Pero tras esa lucha por mantenerme arriba, vuelvo a caer en picado y sin frenos. Dejar atrás (¿o deberÃa decir “arribaâ€?) a Dafne, crujiéndose de pena y dorándose, a ras de suelo, para encontrarme con Perséfone tejiendo sus esperanzas en la oscuridad del inframundo… y oÃr su cantinela mientras me late, a destiempo, la vida. Esperar en el rellano. Volver a tumbarme, cansada, en el frÃo mármol. Y quedarme dormida para siempre. Simplemente, respirando: es decir, subiendo y bajando, en una sólida ingravidez aparente... Por cierto, siempre me pregunté si existÃa el paÃs de Nunca Jamás. SI de verdad existe y no es una leyenda, ¿sabes por dónde queda…? Si no existe y tuvieras que inventarlo, ¿cómo serÃa? La respuesta tiene recompensa ;) Besitos Aún no estás registrado! Para poder responder a una imagen, tienes que estar registrado y haberte identificado (login). |